Javier Marías
10 Julio 2008
Entrevista a Justo Serna
Una mirada alternativa a la realidad periodística de Javier Marías
(8 de febrero de 2008)
Por Cristina Tatay
Justo Serna es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Valencia y se ha especializado en Historia Cultural. En cuanto a sus colaboraciones periodísticas, ha sido colaborador habitual de la edición valenciana de El País y de Levante-EMV y ha publicado ensayos en algunas de las principales revistas culturales españolas: Claves de razón práctica, Pasajes, L’Espill, Cuadernos de Pedagogía, Lateral, entre otras y además colabora también en la revista digital www.ojosdepapel.com
Ha escrito diversos ensayos y artículos sobre la faceta de novelista y articulista de Javier Marías y es por este motivo por el que, fuera del propio autor, no había otra persona mejor que Justo Serna para hablarme sobre él y aportar un mirada alternativa sobre la realidad que rodea a Javier Marías y que se plasma a través de sus artículos y obras.
Transcripción de la Entrevista
Cristina Tatay: Javier Marías es un reconocido articulista, alguien que interviene en la prensa publicando sus opiniones, juzgando hechos de actualidad. En primer lugar, quisiera preguntarle a usted por el estilo periodístico de Javier Marías, ¿cómo lo clasificaría?
Justo Serna: Antes de responderle acerca del estilo periodístico de Marías, quisiera precisar algo obvio pero determinante, algo sobre lo que es su oficio principal y su condición más celebrada. Javier Marías es reconocido, sobre todo, como novelista: como creador propiamente literario, como responsable de narraciones novelescas. Por tanto, el principal dominio de su escritura es precisamente el de la ficción novelesca. Inspirándose en hechos ocurridos, en circunstancias acaecidas o en personas reales, Marías ha ideado narraciones (y cuentos) en los que imagina, inventa y finalmente fabula. Mezcla acontecimientos verificables con fantasías jamás sucedidas. Es decir, se nutre de lo real para crear algo inexistente: alguien, generalmente una voz en primera persona, se expresa, relata o enjuicia el mundo, un mundo que es interno, exactamente novelesco, aunque con evidentes concomitancias externas. Su condición de articulista viene después. Como tantos y tantos otros escritores que tienen reconocimiento, que tienen prestigio literario, se ha convertido en un colaborador habitual de la prensa. En este caso Javier Marías es uno de ellos y lo que hace es atisbar lo real, dejarse sorprender por algún motivo de actualidad para ponerse a escribir. No creo que haga nada sustancialmente distinto de lo que suelen hacer los articulistas o los columnistas. En efecto, a partir de algo que sorprende o incomoda o disgusta o provoca, nos expresamos, nos expresamos en público, creyendo que nuestro planteamiento u opinión tiene algún interés para los muchos o pocos lectores que tengamos. Hay algo de narcisismo en todo articulista, sano o insano, medido o desmedido: se tiene la confianza de que un juicio nuestro interesará, ya digo. Javier Marías opera igual: algo pasa y ese algo que pasa es observado y esa cosa observada le lleva a adoptar una posición, crítica generalmente, una posición que le obliga a reflexionar, tratando de convencer a sus lectores. ¿Tiene esto algo que ver con la escritura de novelas?
C.T.: Pero yo le preguntaba por el estilo periodístico de Marías.
J.S.: Si, lo anterior era previo para poder responderle. En el estilo de Marías hay una parte de desenfado o guasa, de erudición, de reflexión… De broma y de irritación. Lo real lo vemos a través de los géneros literarios, a través de las formas de la tradición: la tragedia, el drama, la comedia, etcétera. En Marías, la clave de su mirada y de su escritura como articulista es una mezcla de ironía, de sarcasmo, de enfado, de cansancio. Nunca es sentencioso, ni enfático, ni innecesariamente grave: mezcla el sentido común con lo extravagante. Y yo creo que le da buenos resultados: al menos en el sentido de que es extraño que un artículo de Javier Marías nos deje indiferente; sería rarísimo que no nos diera motivos para la reflexión, incluso desazonándonos. En mi caso –y no sé si es una rareza o una extravagancia–, siempre procuro leer sus artículos cuando ya están en formato libro y no precisamente cuando aparecen en la prensa. Suelo hacerlo con mis articulistas preferidos.
C.T.: Según su opinión, ¿cómo cree que argumenta sus artículos?
J.S.: Como antes le decía, creo que él siempre parte de un motivo de actualidad, que toma como el acicate de la expresión. No es, pues, el articulista pesadamente literario, aburridamente erudito, esforzadamente culto que, ajeno a la realidad, se dedica a especular sobre temas abstractos o enfáticamente trascendentales. Él siempre parece tener ese asunto que le incomoda, que le hace reaccionar. Las malas maneras, la descortesía, la violencia, el vandalismo, la chulería, la ordinariez jactanciosa e inculta, el matonismo. Desde el ruido ostentoso del presente hasta el maltrato que los políticos nos infligen: desde los agujeros y socavones en el Madrid de Ruiz-Gallardón hasta la invasión de la calle por los Pasos de Semana Santa. En fin, todas esas cuestiones que le pueden provocar ya digo, incomodidad, le hacen reaccionar.
Por otro lado, para argumentar utiliza generalmente citas explícitas e implícitas, alusiones cinematográficas, analogías, metáforas, pero sobre todo lo que suele hacer es darle un cierre persuasivo o retador, es decir, concluir con aquello que es motivo de su reflexión, de su análisis. Por tanto, necesariamente al final tiene que tener una clausura que sea llamativa, que enganche al lector, que a la postre le persuada. Esto es, que todo se resuelva en las dos últimas frases. Yo creo que esa es una característica de Marías, pero que debería ser una característica de todos los articulistas de opinión, es decir, que al final el lector quede verdaderamente convencido, o al menos que quede entretenido y justificado por el tiempo que ha dedicado a su lectura. Un artículo mal clausurado, que no remita al principio frustra.
C.T.: Y, ¿ha identificado algún tipo de falacias en sus artículos?
J.S.: ¿Falacias? ¿Y por qué falacias particularmente en los artículos de Marías? Una falacia es un ardid que se emplea en retórica para engañar, un embuste. Si lo que quiere decir es que en Marías hay exageraciones, excesos expresivos, no se lo niego: la hipérbole forma parte de sus artículos de prensa. Es una decisión estratégica, desde luego. En poco espacio hay que presentar el hecho, la sorpresa, la explicación: hay que intentar la persuasión. Si por falacia entendemos, la mentira literal que sirve para confundir… Yo creo que las falacias como deslices lógicos pueden rastrearse en cualquier creador de opinión: por el limitado espacio con el que se cuenta, un espacio siempre escaso; por la necesidad de comparar cosas que en un principio son incomparables; por la necesidad de persuadir de manera contundente a sus lectores. Por todo ello, es probable que pueda hallarse -en cualquier artículo de todo articulista- ese tipo de elemento retórico que contradice el conocimiento. De todas maneras, no recuerdo especialmente que Marías sea un autor que se abandone a las falacias.
C.T.: Desde su punto de vista, ¿cuáles cree usted que serían las fuentes de erudición de Marías en cuanto al ámbito periodístico se refiere?
J.S.: Las fuentes de erudición de Javier Marías son, básicamente, dos: el mundo literario y el mundo cinematográfico. Esos dos elementos son prácticamente el referente a partir de cual él compara, contrasta; son los dominios de donde toma las imágenes, de donde toma sus alusiones. Además, le sirven básicamente para mostrar sus experiencias y poder compararlas con el hecho de actualidad que está tratando. Por lo que veo y sé, la literatura y el cine son como vidas alternativas o secundarias que uno ha vivido de manera vicaria. En Marías, las novelas y las películas funcionan igual: le han proporcionado experiencias a partir de las cuales él observa la realidad, la examina conjeturando. Es extraordinariamente frecuente que, en sus artículos, cuente todo tipo de anécdotas de escritores, de directores, de actores, de esas películas que al él le han impresionado –como en Vidas escritas o como en Donde todo ha sucedido–, detalles o curiosidades de esas novelas, de esos films que a él de verdad le han maravillado y que le sirven precisamente para interpretar las acciones humanas.
C.T.: Cuando Marías escribe sus columnas, ¿cree usted que el autor pretende influir en la opinión de los lectores o simplemente aportarles otro punto de vista?
J.S.: ¿Influir en la opinión o simplemente aportarles otro punto de vista? ¿Es que, acaso, son cosas alternativas? Yo creo que cualquier articulista o autor que escribe columnas o artículos de opinión cree que tiene capacidad para poder persuadir a sus lectores, para poder seducirlos y por tanto para marcarles una tendencia, una orientación. Pero más allá de esto, en un buen artículo de opinión debe haber información. En el caso de Marías esto se da: un articulista que no proporcionara ningún tipo de información, que sólo ofreciera puntos de vista absolutamente personales, sin datos verificables, sería un escritor escasamente interesante. Hay que aportar elementos de juicio y hay que facilitarle al lector informaciones suficientes para que de algún modo, y más allá de la posición del autor, pueda obtener su propio punto de vista, pueda recorrer el camino que le lleva del hecho a la opinión. Uno puede estar cercano a la posición de Javier Marías o puede aceptarle sus puntos de vista o repudiárselos; pero, en todo caso, le hace a uno reaccionar y por tanto te puede invitar incluso a que sigas las referencias literarias y cinematográficas en las que el se basa, precisamente para desmentir su propia posición o el uso que ha hecho de la literatura y el cine para convencer.
C.T.: Y ¿qué apelativo cree usted que sería más adecuado con la trayectoria periodística de Javier Marías: el eterno inconformista o el espía británico?
J.S.: ¿El eterno inconformista o el espía británico? Bien, yo no creo que ambas cosas sean incompatibles. Básicamente, Javier Marías es un novelista pero sobre todo es también un ciudadano que tiene la posibilidad de poder expresarse, que tiene numerosos seguidores y lectores, alguien que se sabe capaz de poder intervenir en la realidad, de poder ejercer algún tipo de influencia, principalmente motivado por algo que le incomoda o le disgusta. Es decir, que con Javier Marías tendríamos al ciudadano que protesta, que eleva su protesta, al eterno inconformista que adopta posiciones críticas ante lo que considera intolerable. De ahí que él mismo sea consciente de que hay una serie de temas recurrentes en sus artículos, asuntos que trata una y otra vez y que tienen que ver en general con la descortesía, con la incultura, con la estulticia, con los malos hábitos y –digamos- con el comportamiento político o público desconsiderado. Él adopta posiciones de ciudadano correcto, consciente y crítico. Por eso, cuando se expresa suele aparecer la figura del eterno inconformista ante lo que considera que debe ser criticado o censurado. Es decir, no es tolerante con lo que considera que es intolerable y por tanto ese apelativo que usted le ha dado me parece que sí es muy adecuado para las posiciones que adopta Javier Marías como articulista.
En cuanto a lo de espía británico, yo tuve la oportunidad de escribir un texto sobre la figura del espía en Marías, pero no en sus artículos, sino en sus novelas, que es el espacio en el que creo que es dominante. Tanto en sus novelas como en sus artículos de opinión hay principalmente la mirada de alguien que se deja sorprender por la realidad, alguien que necesita y postula algún tipo de explicación. A la realidad hay que contenerla dándole algún tipo de significado. Para ello necesitamos una serie de datos que son los que nos ayudarían a construir una explicación razonable y racional de lo que ocurre. Ahora bien, en el mejor de los casos obramos como espías, atentos observadores que lo que hacen es vislumbrar lo que la mirada perezosa no ve, pues no siempre contamos con datos o informaciones. Muy frecuentemente tenemos que dar sentido con cuatro referencias, y en este caso lo que sucede es que nos encontramos con circunstancias en las que hay que explicar y dar sentido sin tener asideros firmes. El espía es aquel que se atreve a dar el paso, aquel que husmea, atisba, aquel que ofrece una explicación y aventura una hipótesis que relaciona hechos que, en principio, nada tienen que ver entre sí. El espía… conjetura basándose en poquitos datos. La vida funciona un poco así: por desgracia no siempre tenemos los datos precisos para tomar decisiones; no siempre cuando nosotros queremos. El espía es aquel que con los pocos datos que pueda reunir trata de encontrar una explicación razonable de lo que sucede sometiendo a la crítica aquello que ocurre. Se adelanta a lo que otros no ven aún. Tu rostro mañana, que diría Marías… Por eso, la figura del espía está en sus novelas. Pero creo que podríamos hallarla también en sus artículos, ya que el yo que escribe en sus artículos es un observador que se ha dejado sorprender por la realidad y que se aventura a conjeturar.
C.T.: Como ya hemos comentado, Javier Marías no tiene móvil ni ordenador, y por este motivo siempre escribe a máquina sus artículos. ¿Cree usted que con esta actitud pretende llevar la contraria a la sociedad moderna y progresista? ¿O bien es simplemente es un excéntrico al que le gusta vivir en el pasado?
J.S.: ¿Llevar la contraria, ser un excéntrico? Creo que hay que vivir asumiendo el individuo que somos, eligiendo con orgullo impenitente. Bien, yo creo que Marías es, principalmente, un ciudadano que hace lo que le viene en gana, que se conecta o se desconecta según su propio criterio. Es decir, ¿por qué debería tener ordenador o móvil? En definitiva, ¿por qué debería estar conectado? Que otros ciudadanos tengamos móviles, ordenadores o estemos conectados, que nuestras casas se hayan convertido prácticamente en nichos de interconexión donde todos son terminales, puede ser también una elección. En cualquier caso, lo desastroso es que esto no fuera fruto de la opción. Puedes estar conectado al mundo y afirmar que no puedes vivir sin ordenador y sin móvil o puedes ser un ciudadano que prefiere estar desconectado de esas terminales: simplemente porque lo has elegido así. No tienes un móvil porque decides preservar tu intimidad, por ejemplo. Umberto Eco, sin ir más lejos, admite sobrevivir muy bien sin disponer de telefonino, ese artefacto que irrumpe en tu vida constantemente. En el caso de Javier Marías, yo creo que ésa es una elección sostenible: no tener conexiones le reporta más comodidad que tenerlas. Otra cosa es si entre los intelectuales la tecnología aún produce reparos. Quizá también haya algo de esto. Pero le digo: si yo pudiera prescindir completamente y sin menoscabo de los terminales, lo haría.
C.T.: Trabajan en el mismo periódico, ¿se conocen?, ¿tiene algún tipo de relación con él?
J.S.: No trabajamos en el mismo periódico. Yo soy profesor; él lo fue. Marías es articulista además de novelista; yo sólo tanteo la opinión en colaboraciones que son ocasionales o eventuales (aunque en ciertos períodos publique más…). En El País, luego en Levante y ahora, otra vez, en El País. Me pregunta por nuestra relación. Si por relación entiende amistad, no hay tal cosa: simplemente porque nuestra casual o esporádica relación es meramente epistolar (aparte de algún amigo o amiga comunes). Epistolar, digo, en el sentido más literal de la palabra. Yo no me escribo con él empleando el e-mail, sino utilizando el correo postal, la carta. A eso se reduce todo. Nos hemos cruzado alguna carta: amabilísimo y correcto como corresponsal. Eso es todo, insisto.
C.T.: ¿Qué le movió a realizar un ensayo sobre Javier Marías?
J.S.: Efectivamente, yo he hecho algunos trabajos, algunos ensayos sobre Javier Marías. Él los ha leído y me los ha agradecido. Lo que me motivó digamos que fueron esos registros que hay en Javier Marías y que me interesan viva y especialmente: el registro del novelista y el del articulista. Creo haber escrito sobre ambas facetas y básicamente cuando escribo sobre autores literarios, sobre obras, novelas o ensayos lo hago urgido por el placer que los escritores o sus libros me procuran. Es decir, generalmente, yo no escribo de cosas que no me apetecen o de cosas que no me interesan. En el caso de Javier Marías, he escrito porque me seduce mucho su forma expresiva, me interesa mucho de qué manera se expresa a través de una prosa que –como se señala tan frecuentemente– es envolvente, de periodo largo. También escribo sobre Javier Marías porque en todas sus obras, sea en los artículos de prensa, sea en sus ficciones, siempre aparece la misma cuestión como motivo central de su escritura: que es, como antes señalaba, la realidad como algo sorprendente, inaudito, insólito, que debemos explicar, operación para la que tenemos pocos datos. En Marías, escribir es una búsqueda, un conocimiento siempre y en parte inevitablemente frustrado. Esa conciencia del conocimiento –esa conciencia de la realidad– como un acto en parte frustrado y necesario a la vez es algo que me interesa especialmente, algo que Javier Marías trata de una forma muy interesante y en ocasiones verdaderamente admirable.
C.T.: Por último, me gustaría saber qué opinión tiene acerca del artículo que escribió Javier Marías titulado “Creed en nosotros a cambio”, artículo que nunca fue publicado pero cuya censura provocó la marcha de Marías de El Semanal. ¿Cree que Marías se sobrepasó en este artículo?
J.S.: Creo recordar haber leído ese artículo, por supuesto no en la prensa sino en uno de sus libros recopilatorios, y sí que recuerdo haber leído efectivamente la alusión que él hacía a la polémica. En aquellas páginas, en El Semanal, su vecino era Arturo Pérez-Reverte. Recuerdo que se le censuró por el tono desabrido que empleaba o por la contundencia de su crítica. Abandonó aquel semanario para irse al colorín de El País. La contundencia de la crítica… En Javier Marías, de vez en cuando, la irritación que le producen las cosas que observa, el incomodo que a veces le provocan actitudes descorteses o maleducadas le llevan a reacciones quizá desaforadas. ¿Justificadas? Es el ciudadano que se irrita, que tiene capacidad para escribir y argumentar pero que, de vez en cuando, deja aparecer al individuo soliviantado. La irritación también forma parte de los estilos periodísticos. Es más, el insulto forma parte de las tradiciones periodísticas, de la escritura. Hay que hacerlo con arte, con refinamiento. Jorge Luis Borges recomendaba ciertas formas en el arte de injuriar. Desde luego, el insulto es un avance frente al mamporro, frente a la violencia: va más allá de la fuerza bruta. Según decía Borges en su Historia de la eternidad, hay que valerse de una habilidad especial para denostar haciendo uso del humor, mostrando agudeza, atacando con una andanada ácida, irónica. En Marías, la guasa –el humor, propiamente— es algo que siempre está presente y que alivia la contundencia del insulto o del ultraje.



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12 Junio 2009 at 10:54 am
[...] Ahora, Javier Marías reúne noventa y tantas piezas suyas, columnas aparecidas en El País Semanal y que yo leo en su nuevo formato: un libro titulado Lo que no vengo a decir (Alfaguara, 2009). Hay amigos que me preguntan por qué le dedico tanta atención a Javier Marías, al novelista pero también al articulista. He tratado de razonarlo en varios artículos (por ejemplo, éste) e incluso en alguna entrevista. [...]