Manel Cantarell i Recatalà
19 Octubre 2009
Dado en la Ciudad de València.
2009.VIII.19. / 2762 a.u.c.
Inconmensurable amigo Justo:
Dada mi palabra de no volver a su “blog” (y discúlpeseme el barbarismo), no lo hago. Ésta, no es una intervención. Con la presente le ruego que a bien tenga su consideración para implantarla en algún lugar del citado “blog” que no le molestara en demasía a usted, caro amigo, pero que quedando a la vista pública, pudiera satisfacer la curiosidad y, a la vez, serenar el espanto de algún contertulio de los primeros tiempos que, incomprensiblemente, siente algún tipo de afecto hacia mí.
Puede suponer el motivo de la presente. Conocida su prudencia, comprendo que no me advirtiese usted de la última infamia que mi hermanastro ha perpetrado contra mi, mi honor y dignidad. Y no es cosa menor. Me refiero, claro, a que su jocundo avatar, el de ese cínico “Pumby”, ha usurpado las intervenciones que, yo, yo personalmente, firmé en su “blog”. Si el abominable “gatito feliz” sólo señalara a sus propios dislates, no me alarmaría. Esas pendencias barriobajeras y salidas de tono y gusto retratan perfectamente su personalidad colérica y desatada. Pero es que, éstas, se entreveran con las mías, ¡las mías propias!, y ello da lugar a la confusión, la duda, el escepticismo, la sospecha… Compréndalo/me, es inaceptable. Un caballero no lo puede permitir.
Si bien es cierto que su silencio respecto a este lamentable asunto le honra, pues adivino en ello el respeto a nuestra intimidad familiar y el cuidado que tiene por mi delicada salud, no es menos cierto que alguno de los contertulios habranse quedado estupefactos, pasmados y boquiabiertos al creerme en una deriva mental como la que se induce de la lectura de los comentarios de aquel. Por eso mismo, necesito una satisfacción suya, de él, en forma de duelo a primera sangre con espada ropera y daga para propinarle su merecido y, a la par, he de proporcionar una explicación satisfactoria a los que fueran amables contertulios durante mi estadía en su “blog”. Del primer aspecto, dará razón la galería de esgrima de la que está provista Ámbar, mi nueva, opulenta, mansión; de la segunda, su reconocida generosidad, teniendo a bien incluir esta nota en su “blog”, como le ruego.
Así, me reservo el derecho a denunciar a mi hermanastro y eso hago ahora, públicamente, desenmascarando la figura ominosa de Joan Planxadell i Recatalà; que ese es el individuo que se esconde tras el embozo gatuno. ¿Qué, quién es?… un ser siniestro dedicado a la física experimental. Usted, don Justo, lo conoce desde hace años y, por eso, puede ratificarme pues de sobra conoce sus maquinaciones disolventes y sus actitudes disolutas.
¿De dónde sale?… Cuando mi honrada madre, de antigua estirpe con noble abolengo, casó en segundas nupcias con quien sería mi padrastro, un industrial turronero, se cernió sobre el solar y la herencia de los Cantarell el triste sino de las aspiraciones pequeñoburguesas de su nuevo esposo. ¡Dioses!… nosotros, los Cantarell, de los Cantarell i Ferragut de toda la vida, emparentados con un fabricante de turrón… El amor todo lo puede, sí, como mi madre dejó bien claro, pero la incompatibilidad, aún puede más. El fruto de aquel matrimonio fue él, Joan, mi intimo enemigo desde el mismo momento de su concepción hasta nuestros días. Es cierto que ambos tuvimos el mismo seno materno, que dispusimos de los mismos ayos y tutores, que asistimos a las mismas escuelas e iguales maestros, que los dos gozamos de una educación exquisita, mas, ay, qué radicalmente diferentes somos. Cuan incompatibles. Yo sigo entroncado con la aristocracia y las letras, viviendo la vida extravagante que me quiero regalar, él sólo es un asalariado de fuertes convicciones industriales y científicas.
Si bien los años de encono entre ambos son incontables, sucede que, por gracia a nuestra común madre, debilidad de uno u otro, rapto irracional de bonhomía o simple senectud, no ha habido década en la que, durante algunas breves semanas, no hubiéramos tratado de reconciliarnos. Ambos, ello, aunque lo tuvimos por obra sisífica, siempre lo intentamos, infructuosamente. Tal fue lo que aconteció cuando rompí amarres con nuestra Casa Pairal de Corona y me trasladé a Ámbar. Ayudado por nuestro común amigo, Francesc Vila, empaqueté mi ordenador a posteriori, cuando Paquita (q.e.p.d.) ya se había preocupado de hacer el traslado de la parte gruesa de mi cenobio. Quedó el instrumento, pues, en tierra de nadie y fue el caso que Joan, con quien vivía por aquellos días una situación de tregua, vino a mi todavía morada de Corona para interesarse por el accidente motorístico que tuve por aquellas fechas.
Como así estábamos, de buen talante; dado que el citado Vila me había vaciado el disco duro; y puesto que Joan se quejaba amargamente por su falta de recursos para adquirir un nuevo ordenador, obsequielo con el mío propio. Toda vez que, como recordarás, coincidió con que emprendí un largo periplo mundial de varios meses acompañado de mi amada Ester. Sólo hasta su regreso no encontré el estropicio que había perpetrado con él. Joan, “Pumby”, había hecho uso de mi ordenador en el mismo “blog” que yo había abandonado y al reconocer, su servidor, la máquina, atribuyó el avatar de mi hermanastro a cuanta intervención tuvo ese IP. ¡Y aun tuvo el valor negar que me conociera, el muy canalla, cuando algún contertulio le preguntó por mi! Ese es su honor… Mi nombre, mancillado. Mi fama, en entredicho. Mi honor, cuestionado. ¿Qué puede esperarse de ese sinvergüenza?… nada si no es traición y arrebato.
Ruego, pues, a los contertulios que algún interés mostraron por mi persona que, por piedad, si releen antiguos “posts” no confundan mi acerado estoque verbal con el torpe mazo de mi truculento hermanastro a pesar de ese infausto avatar gatuno.
Y a usted, amigo mío, sólo puedo reiterarle mi agradecimiento por su generosidad al concederme este espacio aclaratorio.
Suyo afectísimo,
Manel Cantarell i Recatalà.
Ciudadano valenciano de Nación catalana. Patria humana.



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19 Octubre 2009 at 5:49 pm
Manel, eres una rata miserable. No me importa que nos encontremos en la galería de Ámbar pero sólo te aceptaré el duelo a espada y capa. Ya que eliges campo, lo menos es que yo escoja armas… Y, que lo sepas: no te voy a dar oportunidad alguna. Tu primera sangre será la de esa oreja que te rebanaré de una sola tirada. Palabra de Planxadell, vergüenza de los Recatalà.
Si algún contertulio leyera esto ¡por favor! no creáis a ese viejo chivo. Cuanto cuenta sólo son delirios de la mente enfermiza de un solitario empedernido. Sus perros murieron, faltó su fiel sirvienta y ¡ni siquiera existe Ester!… “ella” es otro de los fantasmas de su mente enturbiada por la soledad en Corona; ahora, en Ámbar, sólo ha cambiado la forma pero su fondo sigue siendo el mismo, obscuro y ruin. Manel, date por abofeteado. Será el Ámbar, sí, y no tendré piedad.
Y a ti, Serna, ya te vale, ya. Estoy pensando en enviarte mis padrinos… Que lo sepas.
19 Octubre 2009 at 6:38 pm
Mire, Pumby, no son propios de este blog dicterios como esos que emplea. Si su hermano y usted quieren batirse en Ámbar o en Corona, pues… allá ustedes. Pero, por favor, eviten esas palabras arrojadizas o me veré obligado a frenarles. A frenarles aquí. Ah, y no me amenace, hombre, que no es verosímil: su edad provecta no le permite hacerse el bravucón. Dios, qué cosas.
19 Octubre 2009 at 7:35 pm
¡Si no lo leo, no lo creo!… ¡Si es el mismísimo Manel Cantarell i Recatalà! ¡El ilustrado Caballero! ¡El volteriano Sr. Kant! ¡Esto sí que es una grata sorpresa! … Ja, ja, ja.
¿Así que ha estado meses viajando por todo el mundo? Qué barbaridad… y ¡qué maravilla! Son “esas pequeñas cosas” que se puede permitir la aristocracia.
Lo que no me podía imaginar es que Pumby (ahora sabemos quién es realmente: Joan Planxadell i Recatalà) fuera hermano de Don Manel. Ya decía yo que había algo que no me cuadraba: esa confusión de avatares en las intervenciones de Kant y Pumby… en fin, no podían, no podían ser la misma persona. Lo siento, Pumby, no niego su erudición, pero qué quiere… son las formas, esa caballerosidad, esa exquisitez que siempre acompañó (y acompaña) a su hermano lo que me impidió confundirles. Y usted –permítame que se lo diga- es un poquito deslenguado. No quiero generar más conflicto entre ustedes (ya veo que su rivalidad es infinita), cada uno tiene su propio modo de ser, pero ha estado usurpando la identidad de su hermano… ¡Y se ha callado! Con el cariño que le había tomado ya al minino…
Como lectora del blog de Justo Serna exijo una explicación por parte del Sr. Planxadell.
Ps. Ilustrado Sr. Kant, me alegro enormemente de que por fin se haya instalado en Ámbar junto a su amada Ester.
19 Octubre 2009 at 8:28 pm
Después de tanto tiempo sin escribir, casi no me atrevo a entrar en la casa de nuestro amigo Justo Serna; primero fueron las vacaciones, después el inicio del curso, después el PP haciendo de las suyas (no creáis que sólo gobierna en vuestro País) y obligándonos a salir a la calle (más de 50000 personas en la mani de ayer, un gran éxito, estamos contentos)…; no sé, me resulta difícil escribir; cuando tengo tiempo, no tengo humor o no puedo aportar nada sobre el tema que se debate; cuando podría opinar, no tengo tiempo. ¡Un lío! Hoy aprovecho que se abre una habitación trasera para entrar sin hacer ruido, intentando pasar desapercibida. Aparece mi querido Kant y tengo que saludarlo. A mí me pasa como a Isabel, tampoco confundo a Kant con Pumby, a pesar de la similitud de los avatares; las formas los hacen inconfundibles y, aunque los dos están dotados de inteligencia y sabiduría, Kant tiene más aptitudes para convencer y enseñar, es más didáctico. Espero que las amenazas de Kant no se cumplan, no me gustaría que matara al simpático gatiño; ya nos quedamos hace tiempo sin Kant, a ver si ahora también nos vamos a quedar sin Pumby.
Tendría que entrar a la sala principal para darte la enhorabuena, Justo, por tu premio; me alegro por ti, aunque yo tuve algún problemilla con tu obra, pero no creo que sea este el momento de hablar de ello. Ahora sólo quiero felicitarte. Un abrazo.
Ps. (Parafraseando a Isabel pero discrepando) Ilustrado Sr. Kant, me alegro enormemente de que por fin se haya instalado en Ámbar sin su amada Ester.
19 Octubre 2009 at 8:38 pm
Serna, ¡que manía que te tengo!… pero si crees que voy a abandonar tu “blog” lo tienes claro: seré tu fusta, tu espuela, tu pesadilla…
Isabel, me dejas turulato. Las formas, la caballerosidad de mi hermanastro, hermanastro ¡hermanastro, por favor! son sólo pose y pompa, pasado y rencor contenido. Su vida es una mentira, una frustrada mentira urdida entre ensoñaciones de un mundo olvidado y sin un futuro creíble para los de su estirpe. Si yo te contara de él y sus crueldades cuando éramos niños. Si te desvelara todos sus embustes, como el que ha soltado con sus alucinaciones sobre su “obsequio informático”… ¡a buen precio se lo compré para que pudiera pagar el último recibo de luz de su decrépito cenobio! Y no digo más de él. A él se lo diré con el acero en la mano.
¿Deslenguado, yo?… sí, lo soy. ¿Y qué! Estoy harto de tanta corrección política, de tanta “educación” hipócrita y de tanta pantomima social. Al pan, pan y al vino, vino. Con total ‘terribilità’. No quiero más zarandajas bienpensantes, ni más bondadosos criminales, ni más imposiciones ideológicas. No quiero y lo digo.
¿Cariño por el gato, dices?… ¿Por este gato?… ¡Por favor!… Me permito reproducirte parte de la defensa de Dick Salomon que realiza él mismo en el juicio académico que tuvo que padecer por las limitaciones intelectuales de la patulea de catedráticos de su universidad, la de Pendelton. Dice:
“Estoy aquí acusado de insensibilidad.
He procurado cambiar mis métodos. He llorado, he abrazado, me han abrazado… ¿y cual ha sido la conclusión?… Soy una persona ofensiva.
¿Es que en una sociedad tolerante no hay sitio para las personas como yo? ¿Es que tengo que caerles bien a todos? ¿Es que no podemos llevarnos mal?…
El conflicto es necesario. A lo largo de la historia los seres humanos han perseguido a los grandes agitadores: Sócrates, Galileo… y ahora Dick Solomon. ¿Dónde estarían sin nosotros que los provocamos e iluminamos y enganchamos los electrodos del conocimiento en los pezones de la ignorancia?”
Inspirado, pues, por este intelectual extraterrestre, modesto e inteligente, sólo puedo decirte, Isabel, que no quiero ser simpático, ni agradable, ni cordial… Por eso elegí ser gato, para vivir en Villa Rabitos, alejado de vosotros, peligrosos humanos. Para ser libre. Y deslenguado. Y, paradójicamente, humano. Pero de los de verdad, un hiperbóreo de los que Nietzsche describió. Ya lo dijo el gran Marx (Groucho, quiero decir) “ojalá estuviera en la selva, donde los hombres son monos”, pero, no, mira, me tocó la ciudad y aquí, los hombres son hombres, o sea, brutos, y las mujeres se han empeñado en serlo.
PS ¡Y ya he dicho que Ester es otra de sus fabulaciones de mente enfermiza!
19 Octubre 2009 at 8:47 pm
Caramba, Fuca, acababa de colgar mi última intervención y me encontré la tuya. ¡Cuánto tiempo sin saber de ti!… Menos mal que das una de cal y una de arena para ambos hermanastros… Los méritos de mi hermanastro Manel se evaporan cuando se conoce su vida ominosa, de la que el propio Serna ha dado alguna pincelada y, parece ser, que nunca se le quiso creer. A todo esto, Fuca, si felicitas a Serna en este pseudo post con el que el susodicho Serna a honrado inmerecidamente al maldito Cantarell, no se si le llegará tu congratulación.
19 Octubre 2009 at 10:53 pm
No entiendo nada de toda esta esquizofrenia bloguera.
19 Octubre 2009 at 11:18 pm
Señores, señoras, señoritos y señoritas, les recomiendo que lean de nuevo a Pesoa, maestro de heterónimos y padre de mil gatitos kantianos. Aquí va uno de sus poemas.
Autopsicografía
El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que de veras siente.
Y quienes leen lo que escribe,
Sienten, en el dolor leído,
No los dos que el poeta vive
Sino aquél que no han tenido.
Y así va por su camino,
Distrayendo a la razón,
Ese tren sin real destino
Que se llama corazón.
Versión de Santiago Kovadloff (uno de los muchos heterónimos que utilizó Fernando Pesoa)
http://amediavoz.com/pessoa.htm#AUTOPSICOGRAFÍA
19 Octubre 2009 at 11:19 pm
Pessoa, Pessoa, Pessoa…por Dios, con doble s.
19 Octubre 2009 at 11:47 pm
Si Santiago Kovadloff era Pessoa, ¿quién era Pumby? Vaya lío, con tanta doble y triple personalidad no hay quién se aclare.
20 Octubre 2009 at 9:12 am
Desde luego una entra a este blog y nunca sabe con qué se va a encontrar.
No tengo ni idea de quién es el Sr Kant, cuando conocí este blog andabais por la luna y desde entonces todo han sido sucesos extraordinarios, lo mismo os sentais con marqueses que con que con un escritores brillantes.
¿El Sr. Kant educado, inteligente, caballeroso, didáctico…? ¿seguro que es de este mundo? Yo estoy con Pumby: huyo de tanta perfección.
No estoy muy segura de ese Sr. Kant, porque con muy buenas palabras, eso sí, ha estado aireando los trapos sucios de su familia y vilipendiando a su hermanastro, eso no me parece muy correcto, pero yo no digo nada que soy la última en llegar( os veo a todos tan contentos con la vuelta del Sr Kant…)
Pero Pumby, una cosa te digo: (en voz baja) te vas a buscar un serio problema de personalidad con tanto suplantar identidades, como sigas así te veo en el psiquiatra y ¿cuándo se ha visto a un gato en un diván? A tu pesar, a mí me caes simpático, me gustas deslenguado, mordaz, inteligente, cultivado, irónico, imperfecto y anónimo.
20 Octubre 2009 at 9:16 am
Hablando de imperfecciones pumby (“escritor brillante” en singular)
20 Octubre 2009 at 10:05 am
¿Perfecto por ser inteligente, caballeroso, didáctico…? ¿De otro mundo? Ja, ja, ja… ¡Pero si eso es el mínimo exigible! (al menos para mí). No es tan extraño encontrar señores con esas cualidades: la mayoría de los intervinientes de este blog reúnen esas características. ¿Acaso no conoce a Justo Serna, R.S.R?
¿Y quién dijo que Don Manel no fuera mordaz, inteligente, cultivado, irónico, imperfecto y anónimo? Ay, ay, ay, R.S.R… no se deje embaucar por Pumby, que este minino es muy tramposo ¡y envidioso!
Hágame caso ;-)
20 Octubre 2009 at 10:49 am
¡Dios! No quiero ni pensar en cómo debían ser las sobremesas en el hogar de los Recatalà. La señora madre de estos dos preclaros varones debía tener una paciencia digna de Rea Silvia, ¡por Tutatis!
Y ese olor ominoso a turrón impregnando la casa cual magdalena proustiana…
20 Octubre 2009 at 11:11 am
1. Me dice Pumby: “en este pseudo post con el que el susodicho Serna a honrado inmerecidamente al maldito Cantarell”. Atención, Pumby. Cuidado con las erratas, que las carga el diablo. Por otra parte, esto no es un falso post. Ni siquiera es un post: esto es toda una página que permanece y que a Manel Cantarell le hará figurar permanentemente en el banner lateral, junto a Javier Marías o Juan Planas, por ejemplo.
2. Agradezco a Fuca la felicitación… Me permitirá, Fuca, que haga pública aquí una sospecha, una vieja sospecha: la de que usted no es gallega ni señora. Entiéndame. Creo que usted es un nick muy bien elaborado, con rasgos verosímiles que ha adoptado alguien que frecuenta este blog. Que no tenga existencia corpórea no es óbice para que yo le agradezca su felicitación, su cortesía. Dice usted: “Tendría que entrar a la sala principal para darte la enhorabuena, Justo, por tu premio; me alegro por ti, aunque yo tuve algún problemilla con tu obra, pero no creo que sea este el momento de hablar de ello. Ahora sólo quiero felicitarte. Un abrazo”.
¿Algún problemilla con mi obra, con Héroes alfabéticos? No sabía…
Y ahora me pongo a cubierto.
20 Octubre 2009 at 12:31 pm
Amigo Justo, me gustaría tener la misma imaginación que Manel Cantarell, nuestro común amigo Kant, para poder desdoblarme en distintos personajes verosímiles pero es imposible; creo que las musas sólo visitan a muy pocas personas, a los buenos escritores, y yo no pertenezco –ni lo pretendo- a ese colectivo; así que me temo que soy Fuca desde mi nacimiento y como Fuca moriré. Sólo tienes razón en una cosa, soy galega pero no señora; no me gustan nada ni los señores ni las señoras, es más, es una palabra que yo utilizo en sentido peyorativo. Le comentaba a un amigo que entre las fotos que publicaste en tu blog sobre el acto de entrega de premios, hay una en la que apareces con “un señor” vestido con traje y corbata; si no fuera por tu sonrisa y por tu mirada cálida hacia él, pensaría que era un extraterrestre que hubiera entrado en tu fiesta, pero no, debe de ser un amigo aunque parezca un señor.
Sobre mis problemillas al leer tus “Héroes alfabéticos” hablaremos en otro momento; me resulta difícil explicar a distancia los “peros” que yo le pondría a esta obra, es complicado expresar los matices sin tener al interlocutor al lado, puedes hacer daño sin querer; además, si todo el mundo opina que es un libro extraordinario, tal vez tenga que releerlo por si erré en mis primeras impresiones. Por cierto, no soy nada cortés, no hago nada por cortesía, así que mis felicitaciones son sinceras, nada corteses.
20 Octubre 2009 at 12:43 pm
La novela es un género de ficción. Pero la ficción no se agota en este género. Cada día nos maquillamos, nos aseamos, nos retocamos, para parecer mejores o distintos. Nos valemos de recursos materiales y nos servimos también de la imaginación o, en el extremo, de la fantasía. Los heterónimos, que Alfons Álvarez citaba aquí muy oportunamente, no son simples máscaras. Son personajes coherentes de Fernando Pessoa, a los que el escritor rellena, dota de vida, de congruencia. A ellos se debe el autor cuando de ellos muestra algo. Justamente para que sean verosímiles. Fuca, usted dice no tener la imaginación de Cantarell, pero es que Kant es fruto de una imaginación ajena. Manel es una criatura. Como usted. ¿Como yo? Yo no me maquillo, pero no soy sólo como ven o como me leen.
20 Octubre 2009 at 2:20 pm
Abate Machena… ¿tu también frecuentabas el cenobio de mi depravado hermanastro?… Con ese título no me extrañaría nada. O, al menos, veo que alguien más lo ha entendido… (qué críptico ¿no?)
Muchas gracias, Alfons, por tu retorno a Pessoa. Especialmente por “ese” poema Kovadloff.
¡Menos mal que encontré a alguien con criterio! Obviamente, eres tu, RSR. Sin duda no te perdiste nada del afectado de mi hermanastro. Y, sí (en voz bajita) esto suele conducir a la esquizofrenia, de no ser ya un brote declarado… ya lo intuía el Abate… pero no se lo digas a nadie, que hay mucho chismoso encubierto, emboscado y al acecho… por ejemplo… alguna embarazada que va haciendo fotos por ahí como una posesa por ahí ;-)
Pues imagínalo, Alejandro, que ya cité en algún momento las trifulcas habituales de nuestra familia, amplia, desabrida, egolátrica, multicéntrica y esperpéntica. El Capitán Haddock hubiera sido un buen miembro de la misma. Y… cierto… aquella casa… cuando vivía mamá… con el Planxadell, quiero decir… qué olor jijonenco impregnando la más mínima puntilla del ajuar de la abuela Tallaferro…
Sabes, sabes como herirme, Serna, ¡¡”Ha honrado, ha honrado!!” maldita hache… es cierto, pero no me voy a rendir por eso. Me tendrás por castigo. Y esa intención tuya de perpetuar la presencia de Manel… bueno… eso ya es la repulsión encarnada. De hecho ¿por qué calla ante mis palabras?… ¿por qué no me responde?… He ahí el caballerete… tan digno que no se rebaja a contradecirme. Sí, sé donde estará ahora, leyéndome en silencio, acumulando su odio, macerando su envidia, decantando su frustración, ante la pantalla de su ordenador, taciturno, mientras pasa con exasperante lentitud la piedra de afilar sobre el filo de su espada.
Sépanlo todos, el duelo será el lunes 26 de octubre Fiesta de Isis Dolorosa. Por cierto, para quien quiera recordar a sus amigos cristianos el significado del día que Manel y yo acordamos para batirnos, es cuando Isis, la Madre Virgen, descubre el cadáver de su hijo, Osiris que buscaba desde su asesinato por Set, el Señor del Mal, y se deshace en dolor al recuperarlo. Los fieles hacían una sentida procesión que concluía con el Encuentro de madre e hijo. ¿No os suena de nada todo esto, embaucadores?… Dolorosa… Madre Virgen… muerto por el Mal… el Encuentro… (si alguien quiere saber más sobre esos mitos que el cristianismo toma y deforma, ahí va un “link” http://www.egiptologia.org/mitologia/leyendas/osiris/)
20 Octubre 2009 at 5:56 pm
Pumby, dice usted de mí: “De hecho ¿por qué calla ante mis palabras?… ¿por qué no me responde?… He ahí el caballerete… tan digno que no se rebaja a contradecirme. Sí, sé donde estará ahora, leyéndome en silencio, acumulando su odio, macerando su envidia, decantando su frustración, ante la pantalla de su ordenador, taciturno, mientras pasa con exasperante lentitud la piedra de afilar sobre el filo de su espada”.
¡Por los clavos de Cristo, que alguien detenga este delirio!
20 Octubre 2009 at 7:11 pm
¡Corcholis!.¡El sr. Kant ha resucitado, de lo cual me alegro!.No puedo sorprenderme por el acontecimiento que significa que el sr. Kant y Pumby tengan sangre común.Pero como uno siempre anda metido entre neuronas y el cerebro tiene dos partes pensantes, algo barrunté cuando desapareció D. Kant y apareció Pumby,externamente tan distintos e internamente tan parecidos.
No permitiré que nadie le llamé a esto un desdoblamiento de la personalidad, que es otra cosa.En usted y su hermano no se desdobla nada.Simplemente, hay dos seres vivos (ahora que hay tanta polémica sobre la vida), que pueden expresar de distinta manera, un modo de pensar muy parecido.
D. Kant no puedo pedirle que se instale entre nosotros,porque tampoco yo soy de los que son fáciles de instalar.En algunos aspectos mi instinto es más gatuno y si no me voy por los tejados, a veces me voy por las ramas.
21 Octubre 2009 at 12:21 pm
Arnau, es un inesperado placer tenerte en este asunto, aunque lamento que sea por este motivo – mi odioso hermanastro, ese a quien llamas D. Kant – especialmente, egoístamente, porque que alguien de tu talla resuelva la cuestión médica del falso desdoblamiento de la personalidad Cantarell/Planxadell y apunte certeramente a las filias y fobias que compartimos Manel y yo, es definitivo para sentar diafanamente la situación conflictiva que nos enfrenta a él y a mi.
No, no había muerto. Gracias a su inconcebible fortuna – algunas veces se la ha comparado con Gil Pato, ese gran patricio estadounidense – estuvo viajando por el mundo una vez instalado en su nuevo hogar. En concreto, lo hizo por el Tercer Mundo y allegados, viendo lo que sólo había imaginado y agriándose un poco más de lo que ya estaba antes de que su casa (¡mi casa! la Casa Recatalà, el cenobio de Corona) se disolviese en su propio anacronismo. Así, cuando regresó, y lo hizo a su nueva mansión, Ámbar, retomó su vida anterior aunque, tal vez, más misántropo; y sin duda, más solo.
Creo que le acepté el reto porque es lo que venimos haciendo desde hace más de medio siglo. Pura rutina. Nos hemos disparado, golpeado, batido a florete, sable, espada y todas sus variantes desde que tenemos uso de razón (¿uso de razón, batirse?). En realidad, ya me resulta agotador no sólo aguantarle sus puyas, embustes, envidias, desplantes y fantasías, también hacerlas a mi sobre él, cuando lo veo en esas condiciones.
En fin, me disperso… Yo también me voy por las ramas… Sean ramas o tejados, Arnau, lo mejor es que seguimos con ganas de ver, con curiosidad para observar y con ganas de reír. De vivir, mejor (y de vivir mejor, claro, ja, ja, ja…) Puede que yo sea más deslenguado pero, sin duda, tan gato como tu.
21 Octubre 2009 at 12:32 pm
No sé si estos ejercicios pirotécnicos -y florales- de estilo resultan divertidos o patéticos. Quizá ambas cosas;-)
Saludos!
21 Octubre 2009 at 2:33 pm
Yo me lo paso bomba. El patetismo y especialmente, el errante peripatetismo, lo llevan otros :-D
26 Octubre 2009 at 11:20 pm
No me siento orgulloso de haberlo derrotado. Estaba demasiado viejo – en el alma – como para poder empuñar la espada como correspondía.
Nos encontramos a la hora convenida. Vi a Manel cerúleo. Era evidente que no había dormido bien, algo inaudito en él. Me dio los buenos días y, sin esperar respuesta – sabe que aborrezco esa grosería – siguió hacia la panoplia donde conserva sus mejores armas. Por lo menos, me dije, seguía siendo el mismo hiriente caballero. La galería mostraba, por sus vanos y ventanales, una incierta claridad que presagiaba un día caluroso y denso, como nos está resultando este otoño.
Francesc Vila, el común padrino de ambos, llegó apenas pasado un minuto de la hora convenida. A pesar de ir siempre en moto (comunico a quien no los conociese que ambos solían hacer largas excursiones en semejante vehículo de locos) las obras a las que está sometida València le impidió llegar con tiempo sobrado. Salutaciones. Apretones de manos. Un pequeño recogimiento, una reflexión sobre Palas Atenea – Diosa a los que los tres profesamos atea devoción – hasta que la inaudita voz de Francesc nos sacó del ensimismamiento.
Fuimos a nuestros respectivos puestos de tirador con la misma serenidad. Comprobamos nuestros atavíos con igual ritual. El padrino, equidistante, nos observaba con una cierta inquietud pero respetando nuestro proceder, algo heterodoxo aunque familiar. Ambos aprendimos de nuestro abuelo materno, Vicent Recatalà, Señor de Llocfosc, el noble arte de la esgrima clásica. Por eso optamos por una fórmula arcaica, en desuso entre las nuevas generaciones, el duelo a espada con capa, pero que para nosotros tenía el sabor del choque postergado que, ahora, se consumaba.
No aburriré a nadie con el lance. Fue breve. Contundente. Y desproporcionado. Sé que Manel me dejó su costado abierto para que lo hiriese. No sé porqué lo hizo. O tal vez sí. En el único momento que nuestros ojos se cruzaron a menos de un palmo, al trabar nuestros brazos cubiertos por la capa, mirándonos de vis a vis, leí en ellos su antiguo cansancio y hasta una súplica. Soy un sinvergüenza pero no un canalla. Pinché en su antebrazo izquierdo aprovechando el único resquicio que su capa no cubría. Con eso bastó. Era a primera sangre.
Francesc se precipitó entre nosotros y detuvo la pugna. Manel no había expresado dolor alguno al recibir mi acero. Diríase que pretendía proseguir el cruce de espadas para darme una mejor oportunidad para acabar con él. La rápida intervención del padrino zanjó el lance. Tomó a Manel del hombro y lo encaminó, con pasito corto, hacia la salida más próxima, la que da al jardín. Podría decir que fue entonces cuando me pareció ver una lágrima descender por la mejilla de Cantarell pero no me atrevo a afirmarlo, un Cantarell nunca llora. Salieron de la galería, en efecto, por la puerta de oriente. El sol apenas si se había levantado. Era una extraña imagen la de mi hermano, mi hermano, apoyado en el brazo de su amigo, de mi amigo. Nunca antes lo vi necesitar a nadie.
Lamento, en su nombre y en el mío propio haber convertido el blog de Justo Serna en plataforma para nuestros desaguisados familiares. No volverán a repetirse. Quedo, pues, propietario y responsable de cuanto dije como “Pumby” y cuanto le arrebaté a él por mi descaro, antes, y mi victoria en el lance, ahora. Sin embargo, sépase, que hoy se impuso la madre al padre – los diablos se lleven a Freud y sus embustes – y la sangre Recatalà, hoy, unió lo que los bravíos Cantarell y Planxadell encresparon. Mil veces antes nos reconciliamos, sí, pero nunca como esta mañana la Diosa fue tan exigente con nosotros, ni los ojos de mi hermano tan profundos, ni mi espíritu tembló de esta manera. Trataré de no defraudarlo, su fingida derrota me ha cargado con una responsabilidad de la que espero ser merecedor.
27 Octubre 2009 at 1:11 am
Pumby (Planchadell para tu hermano y sus enemigos), jamás pensé que en estos tiempos tan pedestres,con bajura de miras,sin esos valores necesarios en los espiritus de elevado rango,pondríais un necesario toque de distinción,clase y espiritu celeste.
Tus desavenencias con ese hermano no deseado me importan un pimiento, por decirlo finamente.Pero la descripción de las mismas, que os han llevado a poder sufrir del mayor castigo que los pusilanimes pueden recibir,la muerte,os hace dignos de admiración.Pero por favor,la próxima vez limpiad vuestras pendencias en privado.
27 Octubre 2009 at 3:40 pm
Gracias por tus palabras, Arnau. Ya me advirtió Manel de tu exquisitez, algo realmente difícil de encontrar en estos tiempos brutos (“o tempora, o mores”). Sin duda, ambos, él y yo, una vez decididos a acabar con nuestras pendencias, no volveremos a utilizar la amabilidad de Serna – don Justo, lo llama él ¡como si no se conocieran desde hace décadas! – para aventar nuestros desacuerdos, así que, sí, te haremos caso.
27 Octubre 2009 at 3:58 pm
No sé yo por qué se llaman hermanastros. Aunque la relación sanguínea de nuestro gato y Kant la contempla el diccionario como la de hermanastros, prefiero la primera acepción: “Hijo de uno de los cónyuges con respecto a los hijos del otro” y más aún cuando la relación es por parte de madre, la única, según los judíos, que es segura y que puede transmitir esto o aquello. Pumby y Kant son medio hermanos y los blasones o el turrón casi no hacen al caso, lo que importa es esa santa madre que debe estar removiéndose en la tumba.
Anda que… vaya dos.
27 Octubre 2009 at 4:01 pm
En ese duelo había más presencias. Yo estaba allí esperando. Cerbero aguardaba también.
Sigo aguardando.
27 Octubre 2009 at 4:03 pm
Y yo, y yo. Esperaba dar la extremaución a los dos hermanos. Nadie mejor que yo, que ni soy quien parezco ser ni soy siquiera humano.
27 Octubre 2009 at 6:11 pm
Sin duda, Ana, que hemos de aceptar, igualmente, tu reflexión sobre nuestra hermandad: mejor que hermanastros, medio hermanos. Somos un par de calamandurrios, unos galopines de la legua, unos tarambanas, sí, y ahora que Manel se refugia en si mismo, ausente de todos, me deja la pesada tarea de mantener alto el pabellón familiar que nuestra querida madre tuvo a bien propinarnos. Ya veremos si doy la talla (los gatos somos muy bajitos)
¡Cáspita! sabía que en el cenobio de Corona, Manel alojaba a algún fantasma que otro del pasado monacal del edificio. Lo que no sabía es que los había trasladado a su nueva mansión. Pues, nada, nada, Caronte, tu aguarda, aguarda. Puede hacerte compañía, más que nada por lo del aburrimiento, el Abate Buzón, que también se muestra dispuesto a esperar. Esperad y descansad en paz.
28 Octubre 2009 at 11:39 am
Tengo que reconocer que Planxadell se ha comportado como un caballero: podía haber atravesado con su espada el corazón de Cantarell con la misma facilidad con que se atraviesa una manzana, pero no lo hizo. Sabía que no estaban en igualdad de condiciones, que Manel no quería luchar. Porque Manel ya está cansado de luchar.
Desde luego no es usted un canalla, Pumby, aunque sí sea un sinvergüenza.
28 Octubre 2009 at 2:17 pm
Por momentos pensé que ese duelo no llegaría a producirse y que la sensatez se impondría entre Planxadell y Cantarell, pero ya leo que no… que hubo duelo.
Tengo que decir que no me ha sorprendido el comportamiento de Pumby, además de su astucia dialéctica impropia de los felinos y aunque a veces sus opiniones sean como sus lances” contundentes y desproporcionadas”, es un caballero: dejó clara su superioridad, pero no se regodea de su victoria.
Yo me pregunto ¿era necesario llegar ahí? ¿Era necesario llegar ese extremo con tu medio hermano?
28 Octubre 2009 at 5:05 pm
No lo negaré, Isabel, no lo negaré. Gracias por tu voto de confianza.
Tienes razón, R.S.R. no era necesario llegar a ese extremo con Manel – ni Manel conmigo, claro – pero en ocasiones, hay que alcanzar ese punto alejado del centro para darse cuenta que uno ha perdido su equilibrio.
Lo malo, creo, no es la experiencia negativa, es quedarse en ella. Hay personas a las que les pasa. A mi hermano – no creo que vuelva a utilizar ese palabro “hermanastro” para referirme a él – y a mi nos ha costado décadas darnos cuenta de lo que, de pronto, en un embate (en otro embate debiera haber escrito) de breves minutos, nos fulgió de forma evidente. Si fuera literatura, sería fácil su arreglo, pero siendo la vida real…
Erreserre – como en cierta ocasión te llamé – has sido una de las pocas voces que me defendió cuando más iracundo estaba y, por eso, menos defendible. Sin embargo, siempre estuviste a mi lado… ¿qué quieres? Te estoy profundamente agradecido por tu fe en mi, espero no decepcionarte. Y, claro, gracias también a ti.
28 Octubre 2009 at 7:15 pm
Veo que algunas (-o) no nos atrevemos a entrar en el salón de la casa de Justo en el que se habla de la socialdemocracia; en mis tiempos de Universidad, el llamar a alguien socialdemócrata era un insulto. No voy a entrar en este debate aunque todos sabéis que mis ideas coinciden con las de Pumby, creemos que los seres humanos somos personas que podemos cambiar y perfeccionarnos, de ahí la convicción de que “outro mundo é posíbel” (si no estuviera convencida de lo anterior, abandonaría mi profesión).
A pesar de mis coincidencias con el gatiño, entre los hermanos me quedo con Manel, aunque sólo sea porque lo conocí primero. No estoy de acuerdo con Isabel cuando escribe: “Sabía que no estaban en igualdad de condiciones, que Manel no quería luchar. Porque Manel ya está cansado de luchar”. No creo que nuestro querido Kant se canse nunca de luchar; siempre estuvo en contra del inmovilismo y para cambiar hay que luchar.
30 Octubre 2009 at 11:15 am
Perdona, Fuca, que no atendiera tu escrito con anterioridad, ya advertí que los negocios a los que me obliga la actitud de mi hermano me han tenido muy ocupado. Si me permites compensarte por ello, me extenderé un poco en mi disertación.
Vuelvo ahora, tras hablar con él, con Manel, sin saber muy bien si llamarte por el nombre con el que yo te conocí, el de tu nick, o por el que te conoció mi hermano, Doña Francisca, en rocambolesco homenaje a Moratín. Creo que me quedaré con el tuyo, con Fuca, si no te parece mal, y reservaremos para “Kant” esa pequeña intimidad vuestra. Al fin y al cabo tu preferencia por él es tan declarada como evidente, algo que comprendo y respeto.
Lamentablemente, Cantarell, está cansado. Sólo cansado, ojo. Aunque no de cuerpo – sigue haciendo el loco con la moto y no descuida su jardín, a pesar de que lo trate con una cierta indiferencia – pero sí lo está de espíritu. El viaje por el Tercer Mundo que siguió durante varios meses le puso en contacto con una situación tan inimaginable – por más que él imaginaba… como imaginan todos los intelectuales de mesita camilla – que cuando chocó con la realidad – nunca mejor, tratarla de cruda – se vino abajo. Es humano. Y es que ya no era una cuestión ideológica, lo era de humanidad.
Sé, porque me lo contó, que al principio de su periplo hubiera querida sacar su acero contra la infamia que encontró, un gigante cuyo tamaño empequeñecía a Tombatossals o a Pantagruel y que nada tenías de molinos como contra los que cargó Alonso Quijano. Eran gigantes, sí, y despiadados. Mediado el viaje, la pobreza, la enfermedad, la guerra y la indignidad – nuevos jinetes de un apocalipsis que nada tiene de metafísico (si hubiéramos de creer a pseudoJuan), ni tampoco al ideológico de Eco (si lo consideramos como algo concreto) – Manel entró en un profundo silencio expectante. Fue espectador. Irritado, enfurecido, contenido, impotente. Sólo espectador. Desbordado por la realidad. Su regreso fue desastroso. La muerte parecía haberse adueñado de sus más próximos, Paquita, su fiel ama de llaves, aya desde que era un niño, y sus dos apreciados canes que lo acompañaron los últimos años. Ámbar, que la pensó para el esplendor y el boato, la luz y la alegría, la encontró vacía y silente.
Trató de evitar el desánimo – en efecto, nunca se rinde (es miembro honorario de la VIª Legión, romana, la conocida como “Ferrata”, por la tozudez irreductible de sus hombres) – y de convencerse a si mismo de que no podía perder su corazón – el intelecto tiende al pesimismo – Para ello, dio cuerpo a sus ilusiones haciendo carne lo que sólo fue un amor de juventud, Ester, y con el mito de esa mujer inalcanzable, alcanzada, se agarró a esa pequeña locura para mantener su cordura. Con ello quiso remontar. Volver a la lucha. Mas, ay. Lo hizo a través del “blog” de su amigo, de nuestro amigo, Serna… y así descubrió mi pérfida maniobra. Pues pérfida fue. El resto, ya lo sabes.
La tristeza pudo lo que ningún aspirante a intelectual había logrado cuando inutilmente lo atacaban en tropel, agrandar su melancolía. Los salones de Ámbar eran demasiado amplios. Las noches demasiado grandes y estrelladas. Sus pasos demasiado solitarios, resonantes entre librerías atestadas de volúmenes. Y yo, ahí, con mi prepotencia, mi agresividad, mi intolerancia. Llegó nuestro duelo y llegó su postración, que no su derrota, ni su humillación, ni mi victoria. Manel, sencillamente, ahora, necesita reencontrarse, saber cómo sigue en esa mansión hueca, sin Ester alguna, con demasiada realidad ante si.
Mientras, yo, más joven que él, tal vez más tremebundo, más ingenuo, más vitriólico, acepté la reconciliación que me ofreció cuando me presentó su costado para que lo hiriese funestamente y le contravine. Al hacerlo, asumí sus responsabilidades. Somos Cantarell y Planxadell, sí, pero los dos somos Recatalà y ese pabellón nos une. Manel Cantarell no se rinde; Ámbar no se cierra, pero será su hermano, yo, quien mantenga el acero del pensamiento dispuesto para ensartar en él a malandrines, cobardones, hipocritillas, memos y descerebrados de toda grey.
Quedo, pues, Fuca, a tu disposición, como quedó mi hermano por ti.
30 Octubre 2009 at 12:08 pm
Me encontraba ante la verja pero no podía entrar, porque el camino estaba cerrado. Entonces, como todos los que sueñan, me sentí poseída de un poder sobrenatural y atrevesé como un espíritu la barrera que se alzaba ante mí. El camino iba serpenteando, retorcido y tortuoso como siempre… pero a medida que avanzaba, me di cuenta del cambio que se había operado; la naturaleza había vuelto a lo que fué suyo y poco a poco se había posesionado del camino con sus tenaces dedos. El pobre hilillo que había sido nuestro camino avanzaba y finalmente allí, estaba Ámbar. Ámbar reservado y silencioso. El tiempo no había podido desfigurar la perfecta simetría de sus muros.
La luz de la luna puede jugar con la imaginación. De pronto me pareció ver luz en las ventanas… Pero una nube cubrió de repente la luna y se detuvo un instante, como una mano sombría escondiendo un rostro. La ilusión se fué con ella y las luces de las ventanas se extinguieron. Veía un caserón desolado, sin que el menor murmullo del pasado rozara sus imponentes muros. Nunca podremos volver a Ámbar, ésto es seguro.
30 Octubre 2009 at 1:16 pm
De nada Pumby, de nada. Francamente, alguna vez pensé si no había elegido el lado equivocado pero ya sabes… aunque las posiciones no son fijas, yo suelo quedarme en el mismo lugar (que no es lo mismo que inmóvil).
Seguro que Manel una vez cure su herida, no la del costado claro, al parecer otras menos visibles, aprecia el gesto en lo que vale y admitirá que eres un buen adversario.
Parece que de ese embate tu tampoco has salido indemne aunque veo que sigues en la brecha “Ámbar no se cierra, pero será su hermano, yo, quien mantenga el acero del pensamiento dispuesto para ensartar en él a malandrines, cobardones, hipocritillas, memos y descerebrados de toda grey”.
30 Octubre 2009 at 2:12 pm
Me parece bien, apreciado (el adjetivo querido lo dejo para Manel) Pumby, que seas tú el sucesor de tu hermano en la defensa del pensamiento libre, pero no creo que para ello se necesite ningún acero en el que ensartar “a malandrines, cobardones, hipocritillas, memos y descerebrados de toda grey”, con la palabra os basta tanto a ti como a tu maravilloso hermano. Sé que Manel no se rinde y que Ámbar no se cierra; algunas veces se necesita parar para reflexionar y reencontrarse; después de estas paradas, siempre salimos más fuertes y seguros (aunque quizá con más dudas).
Ps. ¡Y ahora que aparezca don Justo y que se atreva a decir que duda de mi existencia! Entonces seré yo la que coja el acero (aquí tendría que ir una sonrisita).
30 Octubre 2009 at 3:02 pm
Nueva señora de Winter, me encantó su ensoñación pero Manderley queda muy lejos de Ámbar. Sin embargo su descripción es sorprendentemente parecida a nuestra Casa Solariega, en Corona, el cenobio que mi hermano abandonó por su nueva mansión. ¿Tal vez la frecuentó? ¿o fue sólo el embrujo de la luz de la luna y sus juegos, que crean extrañas paradojas a nuestra imaginación y fantasmagorías delirantes para quienes tienen en la noche su refugio. Como fuere, discreparé con usted en algo: volveremos a Ámbar y será el lugar de luz que mi hermano quiere. Un Cantarell no se rinde nunca. Palabra de Recatalà.
Sin duda, R.S.R. yo tampoco salí indemne, en efecto. Sí, son heridas de esas que zahieren sin sangre pero por las que se derraman lágrimas.
Le transmitiré a Manel tu inquebrantable fidelidad, Fuca, y tu confianza ciega en él. Es una buena medicina para sus males, seguro. ;-)
30 Octubre 2009 at 6:23 pm
Que no piense mi estimado y añorado don Manel Cantarell que no me ha impresionado el relato de su duelo y de sus pesares. Lo ha hecho, y mucho.
He de decirle, señor mío, que -por mucho que su hermano de alma gatuna intente distraernos- se le echa en falta en esta casa. Sus opiniones, tan contundentes como las de Pumby, pero ponderadas, fueron para mí (¡ay!) una guía, un estímulo, un aprendizaje. Y eran además -al igual que las del esquivo poeta Veyrat- de una exquisitez que no parece de este tiempo. Eso es, en realidad, lo que me hizo enamorarme de este blog.
Pero si ni poeta ni misántropo quieren relacionarse ya con nosotros, sus razones tenedrán; pero han de saber que aquí se les sigue queriendo.
Dicho esto, debo añadir que me cae muy bien el gatito. Siempre me arranca sonrisas, aún cuando no me sienta con ánimos. Para que conste, y no se me enfade también; que aquí, a la que te descuidas, alguien hace “mutis por el foro”.
Salud, don Manel. Quedo, como siempre, a su disposición.
30 Octubre 2009 at 6:40 pm
Coincido contigo, amiga Marisa, en las añoranzas. Yo también echo de menos a Kant y a Miguel Veyrat. Veo que Justo ha puesto en uno de los laterales de “su casa” la portada de “Razón del mirlo” para anunciarnos que se presentará en la Universidad de Alicante el lunes, 9 de noviembre; ¡qué pena que esté tan lejos de mi casa!, sería un placer poder oír a nuestro poeta y amigo recitar alguno de sus magníficos poemas. Ojalá alguno de los contertulios asista a esta presentación y nos haga una croniquilla. Un abrazo.
31 Octubre 2009 at 2:04 pm
Marisa, entre las misiones que me encomendó Manel, además de las lógicas – el honor de la familia, el rigor inmisericorde con los adversarios, su mansión, la casa solariega, las otras propiedades muebles e inmuebles, sus boatos y opulencias, las riquezas, su fabulosa biblioteca, la moto… en fin, esas pequeñeces que hacen más agradable la vida – me encomendó, especialmente, que no te dejara en paz y en ello me afanaré, para que siempre haya un Recatalà, cual mosca cojonera, mareándote cuanto haga falta y más.
Nada puedo hacer de más, Fuca. Él es así. Me dijo que tu lo entenderías y así lo intuyo yo. Lo que creasteis ambos sólo puede ser vuestro.
Maullaré en el salón principal de esta casa serniana para que tu propuesta sobre Veyrat sea viable. Yo, desde luego, a esas horas, no podré estar en Alacant. Y bien mal que me sabe.
31 Octubre 2009 at 2:29 pm
Supongo que don Justo Serna te llamará la atención, simpático gatiño, por hablar del salón principal (es lo que hizo conmigo hace unos días), porque él cree que la carta de tu hermano la colocó ahí, en la parte más importante de su casa. No es verdad, está equivocado; a la entrada de Manel Cantarell y Recatalá no le dedicó un post, la metió como de refilón en un post que nada tenía que ver con tu hermano (y tienes razón, Pumby, no necesito intermediarios para hablar con Manel, lo nuestro es nuestro y de nadie más).
Maúlla bien fuerte, amigo Pumby, a ver si alguno de los contertulios se acerca a Alacant, a escuchar a nuestro Miguel Veyrat y al presentador, Ángel Luis Prieto de Paula, catedrático de Filología de la Universidad de Alacant y director de la colección de poesía de la Biblioteca Cervantes. Será un lujo escuchar a ambos.
Os deseo suerte en la mani de hoy; cuando las personas están cabreadas suelen acudir a los actos de protesta; aquí, en Galiza, conseguimos reunir a más de 50.000 personas (según la policía, otros hablan de 100.000) el día 18 protestando contra la política lingüística de la Xunta pepera; seguro que vosotros vais a ser muchos más. ¡Suerte!